El dueño de una pequeña finca, amigo del gran poeta Darío Fernández, lo encontró cierto dia en la calle y le dijo:
Sr. Fernández, estoy necesitando vender mi propiedad, que Ud. tan bien conoce. ¿Podría redactar me el anuncio para el diario?
Darío Fernández tomó lápiz y papel y escribió
“Se vende encantadora propiedad, donde cantan los pájaros al amanecer en las extensas arboledas, rodeado por las cristalinas aguas de un bonito riachuelo. La casa, bañada por el sol naciente, ofrece la sombra tranquila de las tardes en el porche.”
Algunos meses después, el poeta se encontró con el comerciante y le preguntó si ya había vendido el lugar.
No pensé más en eso, dijo el hombre.
¡Después de que leí el anuncio que usted me escribió, me di cuenta de la maravilla que tenía!
Moraleja : A veces, no nos damos cuenta de las cosas buenas que tenemos y vamos tras falsos tesoros. Debemos valorar lo que tenemos y que nos fue dado gratuitamente: la familia, la sonrisa de los hijos y el amor del cónyuge, los amigos, el empleo, el conocimiento que adquirimos, la salud.
Estos sí, son verdaderos tesoros.
jueves, noviembre 30, 2006
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